Una pena porque había sido salvada de esta placa positiva, pero sus dichos racistas no tenían cabida en la Casa de “Gran Hermano”.
Carmiña Masi es una mujer de 39 años, con trayectoria profesional en su país, Paraguay, y no había posibilidad de que no sea expulsada por sus burlas discriminatorias contra otra jugadora, Jenny Mavinga, oriunda del Congo.
No vamos a repetir sus dichos porque son demasiado hirientes como para que queden fijados, pero coincidimos absolutamente con la decisión de la producción de “Gran Hermano”, porque de no ser así los ojos del mundo hubieran estado mirando la debilidad del reality argentino.
Como en otros casos sucedidos en el programa en otras ediciones lo que uno expresa está en su mente y tristemente esta mirada racista sobre Mavinga estaba en la de Carmiña.
No es la primera vez que en “Gran Hermano” se pasan límites. Pasó con “la poli”, Agostina, cuando habló del atentado a la AMIA o con Eugenia, cuando el año pasado mencionó dos veces la caída del avion en los Andes.
Entonces hubo reflexión y discusión. Pero esta vez no había nada que discutir ni reflexionar con Carmiña. No al menos dentro de la Casa de “Gran Hermano”.
