“Por amarte asÔ es un proyecto muy lindo, tiene muy buena energÃa, el equipo que formamos, mi relación con Gabriel(Corrado) y Brenda (Asnicar) es excelente, es muy fácil disfrutar con ellosâ€, dijo Gastón Soffritti y comentó que “Brenda es la mejor compañera de las que puedo elegir para hacer de pareja. Compartimos muchas obras juntos, es muy lindo trabajar con ella, después estuvimos en ‘Sueña Conmigo’ para Nickelodeon†y tuvimos la misma profesora de teatro”, agregó hablando por la Once Diez con Pablo Gorlero.
Acerca de su personaje en la telenovela de Telefe, que sufre un accidente automovilÃstico en el primer capÃtulo que lo deja en silla de ruedas, reveló que “poder hacer un personaje que requiere de mucho trabajo fÃsico y emocional es un desafÃo enorme para miâ€. “No poder mover las piernas, actoralmente, es mucho más difÃcil que moverlasâ€, destacó.
Sobre la historia el actor resaltó que “esta es una novela medio excepcional, no pasan cosas que pasan en todas las novelasl….la van escribiendo sobre la marcha, tenemos mas o menos 30 capÃtulos, 20 terminados, esperamos que salgan bienâ€, contó en el ciclo radial Parece Que Viene Bien.
Asimismo, describió que “es un trabajo fÃsico muy difÃcil y exigente, después de las grabaciones termino muy entumecido, porque por el deseo de estar muy quieto, termino muy tensionadoâ€. AsÃ, comentó que“después de eso trato de salir a correr, porque para esto tengo que estar de 8 a 10 horas todos los dÃas quietoâ€.
Por último, anticipó que “tenemos un par de obras en carpeta pero aun no sabemos qué es lo que vamos a hacer…para el año que viene tenemos un par de obras ahÃ, pero no estamos todavÃa decididos con mis sociosâ€, finalizó.
Gaston Soffritti: “Brenda es la mejor compañera para hacer de pareja”
El conmovedor relato personal de “Ni una menos” de la autora de “Guapas” y “Farsantes”
Ella misma recuerda cuando subió a agradecer un MartÃn Fierro con el cartel de “Ni una menos” y ahora se atreve a contar una historia personal dolorosa, cuando ella misma fue una mujer golpeada.
Vale la pena leer este relato de Carolina Aguirre, autora, entre otras ficciones de “Ciega a citas”, “Guapas” y “Farsantes”, publicado hoy en la revista de La Nacion.
Colombia
O cómo volver a casa después del infierno
Lo único que sé sobre Colombia es que hacen mis telenovelas preferidas y que es un paÃs violento. Te lo avisa todo el mundo antes de subirte al avión. Que hay secuestros, que te matan, que ojo con las FARC, que en Bogotá nunca sale el sol, que hay militares en todas las esquinas. Yo siempre contesto lo mismo: que a mà nada me miedo, menos Colombia, patria de Betty la fea y Café con aroma de mujer. Pero ese es un problema que tengo yo, que nada me da miedo.
Viajo con mi novio. Estamos juntos hace cuatro o cinco meses y la relación está en su peor momento. Salvo cuando salimos y nos divertimos, al lado suyo la paso pésimo. Él es un mujeriego oscuro y no le creo nada de lo que dice. Su pasado me atormenta, no me gusta cómo le habla a su ex mujer, tuvo demasiadas amantes y sus anécdotas están llenas de agujeros. Cuando pienso en eso, tengo un ataque de angustia, me pongo a llorar y lo dejo. Lo dejé una vez durante el primer mes. Dos veces el segundo. Tres o cuatro el tercero. A esta altura, lo dejo una vez por semana por lo menos.
En esos momentos, siempre tenemos la misma discusión. Llora y me jura que soy el amor de su vida, me muestra el whatsapp, me da la clave del celular, me ofrece casamiento. Tiene unos gestos desmesurados de amor que impresionan a todo el mundo. Cae con ramos de flores cuando estoy sacándome fotos para una nota, llega a mi casa con un whisky canadiense inconseguible que me vio googlear, saca pasajes para Nueva York, me lleva a la playa el fin de semana, me dibuja corazones por toda la casa. Pero nada me calma. Yo siempre fui de la idea de que la gente no cambia. Sigo siéndolo.
Hace un tiempo que empecé a ver una psiquiatra por estos ataques de angustia. Me da Rivotril y dice que yo lo asfixio, que soy paranoica, que tengo miedo de amar y que es el novio perfecto. Puede ser. Pero yo no escribo y la medicación no me hace nada. Me la paso llorando y queriendo dejarlo todo el tiempo. Con los meses, mi angustia crece y las peleas son cada vez más dramáticas. En Cariló, una noche lo dejo en el medio del bosque y me bajo del auto. Me vuelve a meter por la ventana. En Buenos Aires lo dejo y me encierra en su casa hasta las nueve de la mañana. Dice que soy mala, que hago esto con todos los hombres cuando me canso, que ya sabe cómo hice sufrir a mis ex, que me voy a arrepentir de hacerlo sufrir tanto. Al final siempre me convence, le pido perdón y volvemos. ¿Estaré loca? ¿Será verdad que lo estoy haciendo sufrir as�
Llegamos a Colombia y es tal cual lo describieron. Una pelÃcula velada, un páramo frÃo repleto de polvo y militares. En el hotel nos llenan de advertencias: que no tomemos taxis, que no hablemos con extraños, que no saquemos el celular en la calle. Él trabaja todo el dÃa y yo doy vueltas por la ciudad buscando qué más puedo comprar hasta que sean las seis y nos encontremos de nuevo. Ese dÃa hay un partido de Argentina y él quiere verlo en un bar. Yo me aburro mientras él le grita al televisor y tuitea estupideces. Me pregunto de nuevo qué hago con él. No entiendo por qué no estoy en mi casa, escribiendo, cerca de mis amigos, con la vida que tenÃa antes de conocerlo. Lo miro y le digo que no soy feliz, asà de la nada. Él sonrÃe tranquilo. Dice que yo estoy mal, pero que estamos enamorados y vamos a estar siempre juntos. Yo asiento mientras él me agarra el mentón y me besa. Después vuelve a mirar el partido.
A la noche hay una comida con colegas en la que sólo hago chistes cÃnicos. En el hotel me reclama mi desprecio, pero estamos demasiado cansados para discutir y se queda dormido. Yo no puedo pegar un ojo, sólo lo miro. De repente, siento unas ganas de huir inexplicables. Lo quiero dejar ya mismo, no puedo esperar a volver a Buenos Aires, no sé por qué. En silencio agarro mi celular y busco un hotel cerca. Cuando lo encuentro, lo despierto y le digo que me quiero separar. Él me grita que es tarde y que me vaya a dormir. Yo me levanto de la cama y le digo que esta vez es en serio, que no puedo estar un minuto más al lado suyo. Él me arranca el celular de las manos y vuelve a gritarme que me vaya a la cama. Yo rompo en llanto y le digo que no soy feliz, que no lo amo más hace mucho tiempo, que quiero volver con mi exmarido. Cuando digo exmarido la cara se le deforma de odio. Me agarra del pelo y me grita que nunca nos vamos a separar, que antes de que lo deje y verme con otro me mata. Que en Colombia un sicario sale cincuenta mil pesos, que si quiere me hace matar ahora mismo. Yo me suelto y me rÃo. ¿Un sicario? ¿Cincuenta mil pesos? ¿Por qué me habla como en un culebrón mal escrito? Mi risa en vez de relajarlo lo vuelve más loco. Yo lo ignoro y me voy a hacer la valija a la otra punta de la habitación. Nunca llego. Me agarra del brazo, me grita que a él no lo deja nadie y me arrastra hasta el baño y me empuja contra la pared. Siento mi espalda crujir contra los azulejos, dolorosa como un sable, y ahà entiendo que está hablando en serio. Son las tres de la mañana, estoy sola en un paÃs donde no conozco a nadie, a siete mil kilometros de mi casa, y mi novio me está pegando.
En el baño me pega un cachetazo y me sigue sacudiendo. Corro a la habitacion, pero me tira al piso y me tapa la boca mientras me grita que me calle. Pataleo, lo empujo y trato de sacármelo de encima, pero no puedo moverlo ni un milÃmetro. Soy hermana de varones y nos hemos peleado de mano, pero hasta ese momento no sabÃa que los hombres tenÃan tanta fuerza. Estoy segura de que ninguna mujer lo sabe hasta que no tiene un manojo de dedos frios en la cara, hasta que no siente que si él cierra el puño un poco más te mata en serio. Me acuerdo de todas las veces que le dije a mi psiquiatra que él tenÃa algo raro y oscuro. De mis angustias supuestamente injustificadas. De las ganas de dejarlo todo el tiempo. Me duele la espalda y no puedo respirar, pero más me duele no haberme escuchado, no haber confiado en mÃ. Su mano me aprieta mas fuerte la cara y me retuerzo como una lombriz fuera de la tierra, sin aire. Soy un alarido mudo debajo de su cuerpo pesado y hostil. Por primera vez en la vida creo que me voy a morir. Dios mÃo, qué pena me da morir asÃ. Pienso en todas las veces que me dijeron que Colombia era peligroso, en que me iban a robar, en que me iban a secuestrar, en que me iban a sacar toda la plata. Nadie se imaginó que Colombia era él. Nadie se imaginó que me iba a matar mi novio en la habitación de un hotel de lujo. Cuando siento que no doy más, toca la puerta la gente de seguridad. Lo muerdo y mi voz traspasa su mano gruesa y furiosa. La puerta se abre y entran dos hombres de traje con un handy. Él se asusta y me suelta. Avergonzado, se deshace en explicaciones mentirosas: que estábamos discutiendo, que mil disculpas, que es una pelea de pareja. Les digo a los guardias que no es cierto y que me está pegando, que por favor me esperen. Qué suaves sus excusas. Qué pequeño y débil parece ahora. Guardo mis cosas en bollos, busco mi billetera y mi pasaporte, y cierro la valija. Me tiemblan las manos. Yo, que nunca tengo miedo, estoy temblando como nunca temblé. Él me suplica que me quede y hablemos. Yo no lo miro, sólo les repito a los guardias que no se vayan, que me esperen, por favor. Ellos me dicen que me quede tranquila, que no se van a mover de ahÃ. Ahora tiembla él.
Me llevan al lobby y yo rompo en llanto. Les pido que me consigan otra habitación, pero no quieren que me quede. Va a venir un taxi y me van a llevar a otro hotel. Dicen que nadie sabe adónde voy a ir, que es lo mejor para todos. En el auto lloro, presiono mi billetera contra mi estomago y pienso algo insólito: qué suerte que tengo plata. Qué suerte que tengo tarjetas de crédito. Me pregunto qué hacen las mujeres que no tienen plata ¿Adónde van? ¿A quién llaman? ¿Quién les paga el hotel? ¿Quién les saca un pasaje para volver a su paÃs?
Ya en el nuevo hotel lleno un formulario interminable para que me den una habitación. Les doy mi tarjeta de crédito. Doscientos dólares. El botones me lleva en un ascensor del que no me acuerdo nada. Adentro, me encierro. Ni prendo la luz. Me tomo un Rivotril de dos miligramos y me tiro en la cama a llorar. Llamo a mi asistente y le pido que me saque un pasaje de vuelta lo antes posible. Luego me duermo.
Cuando me despierto, por un segundo creo que todo fue una pesadilla, pero enseguida veo en el espacio que ocupaba su cuerpo un montón de pañuelos llenos de moco y de lágrimas. Entonces tengo un ataque de angustia que me perfora el pecho. Les escribo a mis amigas y les cuento lo que recuerdo, confundida y angustiada. Me cuesta hablar coherentemente, estoy demasiado ocupada en no volverme loca de dolor. Al rato él me escribe para ver cómo estoy. Peleamos. Le digo que lo voy a denunciar, que jamás me va a volver a ver. Se hace el desentendido. Reconoce que me empujó, pero dice que sólo quiso taparme la boca, que jamás quiso hacerme daño, y me pide disculpas si en algún momento sentà que no podÃa respirar, pero que yo soy muy fuerte y era imposible frenarme, que soy como un toro. Yo sólo lloro y él aprovecha para volver con el mismo discurso: que estoy loca, que siempre arruino todo, que hago esto con todos los hombres cuando me canso de ellos. Me miro los moretones. Le mando una foto. ¿Estos moretones mienten? ¿Estos los estoy inventando yo?
Al mediodÃa me consiguen un pasaje y vuelvo sola a la Argentina. Él llama a mi psiquiatra, se hace el preocupado. Se le quiebra la voz. Mi analista tiene sesenta años. Nunca estuve peor contenida, asesorada, atendida en toda mi vida, pero todavÃa no lo sé porque soy un fantasma. No sólo lo atiende, sino que además me dice que ahora lo importante es frenar la angustia y me da más medicación. Me dice que no puedo estar sola y mi amiga LucÃa me viene a buscar, me lleva a su casa y me hace una sopa de Vitina que tiene gusto a lágrimas. Mientras trago, hablo, hablo, le cuento un poco. Digo cosas que ahora no puedo creer, estupideces, incoherencias. Por momentos tengo algo de claridad, pero en otros desaparezco, me desdibujo: ¿y si estoy loca como él dice? ¿Y si estoy exagerando? ¿Y si de verdad fue una pelea fuerte, si él no supo cómo frenarme, si yo soy imposible? Ella trata de sacarme de la locura como puede: me pide que le cuente sobre la telenovela que estoy escribiendo. Ya conoce la novela de memoria, pero sabe que yo sólo me calmo en ese momento, cuando hablo de lo que escribo.
Esa noche me agarra un ataque tan grande de angustia que hago algo inesperado. Llamo a mi papá, con el que tengo una relación tensa y distante desde hace veinte años, desde que se fue de mi casa. Llorando, le digo que no sé qué me pasa, pero que algo está muy mal conmigo. No pregunta nada. Sólo me dice que arme una valija, que me pasa a buscar a las cinco.
Me mudo a su casa unos dÃas con él y su mujer. Me hacen de comer, me charlan, me miman como a una nena. Mis amigas me pasan a buscar y me llevan a tomar helados que se me derriten en la mano. DÃa por medio voy a mi psiquiatra, que no entiende por qué la medicación no hace efecto y sigo angustiada. Con mi novio hablo poco y no quiero verlo. Me dice que me ama, que me extraña y me pregunta qué hice durante el dÃa, pero siempre poquito. Sabe que eso me vuelve loca y lo hace a propósito. Como si quisiera hacerme falta, que lo necesite, que sepa cómo es vivir sin él.
Una noche no me habla, desaparece. Yo no digo nada. Me distraigo con mi papá mirando la colección de juguetes antiguos para no volverme loca. Papá me explica qué es cada soldadito, cada juguete, cada autito que tiene. Yo trato de prestar atención, pero se me llenan los ojos de lágrimas. Mi papá no dice nada, sólo me pone la mano serena en el hombro y me dice: “Es un manipulador”. Yo me quiebro. Mi papá no sabe nada de Colombia, no tiene idea de quién es mi novio, pero sabe quién es su hija, esa hija que siempre vio entera y ahora es este garabato confuso, una sombra torcida en el piso.
Un rato después voy a mi habitación, lo llamo y lo dejo. Él no me cree. Me avisa que va a llamar a mi psiquiatra porque estoy loca, que me voy a arrepentir, que yo necesito ayuda porque no sé querer a nadie y no sé cuántas cosas más, porque mientras habla le corto sin mayor explicación. Me escribe por Whatsapp y lo bloqueo. Me escribe por Twitter y lo bloqueo. Me escribe por Facebook y lo bloqueo. Lo último que le digo es que jamás volverá a saber nada de mÃ. Desde ese momento, nunca más vuelvo a tener un ataque de angustia. No era la medicación la que necesitaba tiempo. Era yo la que no necesitaba medicación.
Con las semanas vuelvo a trabajar y a escribir. Me voy a pasar Año Nuevo a RÃo de Janeiro con mi socio y sus amigos. Vuelvo a hablar con el hombre con el que salà antes de él. Primero somos amigos, después empezamos a dormir juntos. Pasamos muchos dÃas de la semana bebiendo, comiendo, jugando con su hija, hablando por teléfono. No estamos enamorados, pero me alivia dormir con alguien bueno, me cura saber que no siento esa oscuridad y ese miedo con todos los hombres. Que no soy yo que estoy rota, sino que el otro me quiso romper.
Él me sigue escribiendo durante meses. La mayorÃa de los e-mails son amenazas: dice que va a mandar mis fotos privadas a todos lados, mis chats a la productora de tele en la que trabajo, que va a inventar mentiras sobre mÃ. Otros son de amor. Dice que me extraña, que soy el amor de su vida y que éramos perfectos juntos y yo lo destruÃ. Me asombra mi capacidad para no responderle nada. Sé que no lo hago por preservarme, lo hago porque siento que no hay nada peor que el silencio. Pelear también es darle algo mÃo y no quiero darle nada más que silencio y olvido.
Por momentos la vida es como un acordeón que se pliega y los recuerdos se meten adentro, invisibles. Si quiero, me olvido de Colombia para siempre. Nunca pasó. Hago como si nada, sigo con mi vida, vuelvo a ser feliz. Sólo a la noche en silencio me arrasa un pensamiento recurrente. ¿Por qué yo? ¿Por qué me pasó esto a mÃ? A mÃ, que siempre fui fuerte, inteligente, independiente. A mÃ, que soy tan arisca y desconfiada. A mÃ, que acabo de escribir un programa sobre mujeres y violencia de género. A mÃ, que me subà a recibir el Martin Fierro con el cartel de Ni una menos. A mÃ, que soy feminista. A mÃ, que tengo una carrera, que soy exitosa en lo que hago, que les cuento todo a mis amigas, que hice terapia quince años. A mÃ, que leà tantos libros. A mÃ, que siempre tuve parejas que me amaron tanto, que tuve el matrimonio perfecto, que soy amiga de todos mis exnovios. ¿Por qué yo? ¿Cómo me pasó esto a mÃ?
Con horror, me doy cuenta de que esta pregunta despierta la fiera machista que duerme dentro de mÃ. Que en el fondo pienso que estas cosas les pasan a las feas o a las tontas, a las que no tienen una carrera, a las de carácter débil, a las que fueron abandonadas por el padre cuando eran chicas. Que una parte de mà piensa que al elegir a este enfermo mental un poco me lo busqué. Que creo que debió haber un motivo para que me maltrataran y que tengo que encontrarlo. Que no soy culpable, pero que un poco de responsabilidad tengo.
Con el tiempo también descubro que no soy la única que piensa eso. Cada vez que me cruzo con un conocido me pregunta cómo terminé con un tipo tan insignificante y charlatán. Lo dicen sin mala fe, pero sorprendidos, como si ahora yo fuese de peor calidad por haber salido con un hombre asÃ. Yo ensayo algunas excusas: que estuvimos juntos sólo un par de meses, que siempre tuve novios amorosos, que no sabÃa lo que hacÃa. Como si fuera yo la que tiene que dar explicaciones. Como si su furia, su impotencia, su cobardÃa fueran culpa mÃa y no de él. Como si esto no les pasara a todas y yo no fuese igual a todas. ¿Por qué no a mÃ, si le pasa a todas? ¿Qué tengo tan especial que no tengan las demás? ¿Tengo coronita? ¿Soy marciana? ¿Estoy hecha de huesos y carne distintos al resto?
Unos meses más tarde me doy cuenta de que es al revés. No me hago esa pregunta injusta y desesperada para castigarme, sino para salvarme, porque si descubro una razón quizás evito que me pase de nuevo. Pero no puedo, porque no hay motivos. O sÃ. Pero no mÃos, sino suyos. Todos suyos. Me pega por impotencia, por bronca, porque es un psicópata. Me pega porque soy fuerte y libre. Me pega porque vivimos en una sociedad machista que les enseña a los hombres que las mujeres somos una cosa y las cosas no hacen valijas, no se van a las tres de la mañana, no deciden que no te aman más. Me pega porque es el último recurso que le queda cuando toda su manipulación y sus falsos gestos de amor fracasaron. Me pega porque sabe lo que todos murmuran: que es poca cosa para mÃ. Me pega porque puede, porque desde hace años hay hombres que les pegan, violan o prenden fuego impunemente a las mujeres que les dicen que no. Pero por sobre todas las cosas me pega porque además de mujer soy guionista, y no hay nada que me importe más que escribir. Y sabe que, a no ser que esa noche me mate, apenas esté lista, escribiré también sobre esto.
Soledad Silveyra se quiere casar
Anoche Solita Silveyra estuvo de fiesta porque se casó su querida sobrina, MarÃa, con quien compartió muchos juegos y viajes.
Solita estaba preciosa, de negro y corto en gasa con transparencias, y a la mitad de la fiesta el calor y el baile hizo que dejara atrás el peinado y sólo pensara en disfrutar con felicidad en familia.
La sorpresa fue que cuando la novia tiró el ramo, fue la actriz y jurado de “Showmatch” la que lo recibió en sus manos.
Y ella misma lo anunció: “soy la próxima!”, escribió, haciendo alusión a que le toca a ella casarse. Asà lo dice la tradición. Por qué no?.
Caras y Gente, la guerra de las tapas de fin de año, Polino y de Brito ya se bajaron
Este martes se hará una. Y el otro, la otra. Todo coordinado para que no haya choques ni competencias, pero lo cierto es que ya los hay antes de que Gente y Caras plasmen sus tapas “homenaje” de fin de año.
El martes que viene es la fecha en que se citó a la mayorÃa de los participantes de los “personajes del año” para la legendaria tapa triple de Gente, que esta vez se concretará en un Espacio de San Isidro, demasiado lejos como que lleguen algunos participantes de “Showmatch”.
Pero no hay problema, irán y se harán la foto más temprano, habrá turnos el lunes y martes (para que por ejemplo, no se crucen Barbie Velez y Fede Bal), fotos en la casa como para Marcelo Tinelli y ausencias.
Porque Angel de Brito y Marcelo Polino anticiparon este sábado que no aceptaron el convite al enterarse de que no estarÃan en la tapa principal. Parece que tienen buena data de “gatos varios” rondando la esquina y de que el “rompecabezas” de encaje de piezas para dejar conformes a algunos y algunas está absolutamente calculado. También se bajó de esa tapa Jorge Rial, que aclaró que sólo fue a la de los 50 años.
Para no quedarse atrás, Caras organizó para el otro martes, el 29, una tapa en homenaje a Adrián Suar, que prácticamente está a cargo de su jefa de prensa, Vanesa Bafaro, que es la mejor asesora para esta convocatoria.
Son los 24 años de la publicación y es “la gala para el hombre que cambió la television”, según reza la invitación.
Seguramente estarán Mariana Fabbiani, Angel de Brito, Nico Vázquez y Gime Accardi, Ivan de Pineda, Guido Kaczka y muchos de los actores que conforman y conformaron elencos de Pol-ka. Cita obligada para todos los que graban “Quiero vivir a tu lado” como promoción previa al estreno de esta nueva telecomedia para El Trece. Esa foto y las notas se harán en el Madero Walk, de Puerto Madero.
Los que no dan abasto son los diseñadores y estilistas, tienen demasiadas figuras para vestir y poco tiempo por delante. Después llegarán las crÃticas y los chimentos.
Sabrina Garciarena espera su segundo hijo
Más hermosa que nunca Sabrina Garciarena mostró su incipiente pancita, fruto de su segundo embarazo junto a German Paoloski, con quien buscaban un hermanito o hermanita para León, que ya tiene dos años.
Hoy por la mañana, Neutrogena® presentó el primer protector solar en mousse. Los invitados, descubrieron que es posible sentir una nube en la piel y vivieron una experiencia suave y liviana.
En la Plaza República Oriental del Uruguay, en Palermo, se instaló una nube creada por el artista Federico Felici, que permitió a los curiosos adentrarse por un momento en una de ellas y sentir su suavidad, frescura y liviandad de manera totalmente envolvente.
Entre las invitadas, estuvieron Justina Bustos, Sabrina Garciarena, quien hizo su primera aparición en público embarazada de pocos meses, SofÃa Sarkany y Josefina Scaglione, quienes se animaron a sumergirse dentro de la nube y divertidas, charlaron y conocieron el nuevo protector solar.
Laurita Fernández cerquita de Pepe Ochoa
Ayer en la fiesta de los 20 años de Crobar se sacaron fotos donde se los ve bastante cómodos y la gente se sigue preguntando quién es.  En realidad, todo es una promoción que harÃa Laurita Fernández de este amigo que está por hacer un recital en un boliche de Palermo.
Ya en setiembre se la vio junto a él y Laurita sigue diciendo que está sola.
🎶 Disfrutando a un gran artista, un gran amigo, en una gran noche. 🌟@pepeochoa88 🌟 pic.twitter.com/2A1y6Mci5C
— Laura Fernández (@laufer4) October 13, 2016
Nacho Viale exultante en New York
Este lunes se conocerán los ganadores de los Emmy a nivel internacional y “La Casa del Mar” de Story Lab es una de las nominadas. Por eso Nacho Viale junto al director Diego Palacio y a RocÃo Scenna de Cisne Films se encuentran en la ciudad de New York y en este sabado recibieron las medallas por esa producción de ficción en formato miniserie que se vio por Direct TV en dos temporadas.
Muy contento de este momento. Gracias a todos los que bancan día a día. Gracias por el apoyo a cada uno y el aliento! @storylabarg pic.twitter.com/1xWsz4rYUX
— Nacho Viale (@nachoviale) November 19, 2016
La casa del mar tiene en su elenco a Juan Gil Navarro, Gloria Carrá, DarÃo Grandinetti, Federico D´Elia, Tomás Fonzi, Delfina Chaves y AgustÃn Pardella, entre otros. producción competirá con 19-2 (Canadá), Deutschland 83 (Alemania) y Waiting for Jasmin (Emiratos Ãrabes).
Pedro Alfonso “Tinelli tiene todas las herramientas para innovar”
“Siempre se habla de esto a esta altura del añoâ€. “No sé, por ahà se lo deja descansar para que luego vuelva, o se cambia el formato, o se recicla, creo que Marcelo (Tinelli) tiene todas las herramientas para innovarâ€, dijo Pedro Alfonso este sábado.
El participante del “Bailando” se refirió a la familia que formó junto a Paula Cháves. La pareja que tuvo recientemente a Baltazar, hermano de Olivia (3). “ya somos bastantes, a veces Pau dice ‘ay quiere otro’, ella quiere tener muchos hijosâ€, contó.
En nota con La Once Diez/Radio de la Ciudad, confesó que no está cerrada la posibilidad de que tengan más hijos: “iremos viendo, pero ya somos una enorme familia y nos disfrutamos muchoâ€. “Los tres años que tiene Olivia de diferencia con Baltazar son ideales, asà que vamos a seguir disfrutandoâ€, reveló.
Por otra parte, en cuanto al Bailando se le preguntó acerca de los rumores de que ‘el jurado los favorece’ y que ‘les dan la mejor música’ a él y su pareja, a lo que contestó que “eso está siempre, siempre encuentran algo, siempre pasó conmigo y ha pasado con otros que eran de la empresa y salen de ahÃâ€. “Es la acusación más fácil por eso creo que eso me exige el doble, por más que me den la mejor música si no sabés bailar, y no te matás ensayando, nos sirveâ€, expuso. A la vez que agregó que “además vengo con la presión de tener tres Bailandoâ€
Al ser consultado acerca de si se ve como el próximo ganador del bailando afirmó que “tenemos muchas ganas y estamos poniendo todo de nosotrosâ€. “Primero quiero hacer bien el aquadance y después vemosâ€, sostuvo. Mientras que realizó una autocrÃtica: “Pienso que cada vez doy menos, antes pasaba de rodilla y ahora no lo puedo hacer, también estoy bastante más arruinado, me duele la espaldaâ€.
Fran Tinelli reapareció en la noche
Entre ellos estaban: Francisco Tinelli, Amalita Amoedo, Mike Amigorena, Ernestina Pais, Polito Pieres, Solana Gasseibayle, Silvita Pereira Iraola, , Laurencio Adot, Fabián Zitta,  Laurita Laprida, Sonia Zabaleta, Anushka Elliot, Pablo Massey.
Vuelve DarÃo Lopilato, Luisana y Michael pendientes de Noah
Viajó a Los Angeles para estar con su familia y acompañar de cerca su su querido sobrino Noah. El tratamiento sigue su curso y no es fácil para un chiquito de tres años, pero todo avanza por carriles profesionales en el dÃa a dÃa.
Asà lo vio DarÃo Lopilato quien regresó a Buenos Aires, después de pedir unos dias de reemplazo en “Bajo terapia”, adonde se reintegra.
La paciencia, el tiempo y la confianza en los que saben, son las claves para estar en paz y atentos al niño, sumado a la fe que profesan y fuerte Luisana Lopilato, Michael Bublé y sus familias.
Solidaridad sobra, por suerte. Como la de los compañeros y productores del filme “Los que aman, odian” que Lu habÃa comenzado a filmar cuando surgió la noticia sobre la salud de su hijo mayor.
Siguen filmando pero dejarán las escenas que Luisana hará cuando pueda viajar a la Argentina. Nadie la apura, claro.
Quiero agradecerle a mi amigo @pinonfijo1 por el hermoso mensaje q le mando a Noah, al verlo se puso muy feliz! Te queremos piñón! pic.twitter.com/dxxIvGDqWw
— Dario Lopilato (@lopyman) November 18, 2016










