Junto a Camila Mansilla, Julio Chávez escribió una obra preciosa: asÃ, chiquita y linda, cálida y emotiva. Una joyita que llega al corazón de los espectadores que como los de la noche de este estreno en el Paseo La Plaza, se metieron de lleno en la historia de Juan, Andrea y Federico: un papá, una mamá y un hijo diferente que les hace preguntarse qué será de él “Después de nosotros”.
“Yo no pienso en el futuro, pienso en el presente“, le dice ella (una fantástica como siempre Alejandra Flechner) mirando desde lo racional a Federico (MatÃas Recalt, conmovedor en su personaje) y allà está Juan, un sufriente, preocupado y angustiado papá (impagable Julio Chavez) que no tiene empacho en decir que siente verguenza por su hijo. Tanto como para no querer recibir un premio y ver delante de todo el público un testimonio de ese ser inocente, dulce, caprichoso y distinto, que pese a sus 21 años, nunca crecerá.
Para el conflicto en escena aparece una empleada de la familia que dice amar al chico, pero lo usa (muy bien MarÃa Rosa Fugazot) y un plomero (Mariano Muso) que servirá de excusa para que exploten “todas las cañerÃas” y salgan a la luz todas las angustias.
Y detrás de todos, manejando los hilos de este cuento del “hijo de Oribe” está Daniel Barone, que con Chavez ya forma un dúo televisivo y teatral de calidad, siempre con la producción de Adrián Suar y en este caso junto a Nacho Laviaguerre.
Si quieren una caricia al alma pasen por la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. Siempre es bueno ser testigos de historias de amor.
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